Cuentos de Hadas a la Venezolana: Bella Durmiente y Cadivi Viajero

September 23, 2019

 

 

Érase una vez en un reino llamado Venezuela…

 

Esta es la historia de Aurora Thalía quien cayó desmayada a la edad de 17 años en el 1988. Los papás de Aurora Thalía no invitaron a la tía Cilia al bautizo de la protagonista y está les echó una rarísima maldición diciendo que al pincharse con una aguja de coser caería en un sueño profundo y eterno. Los papás hicieron de todo por alejarla de tan peligrosas armas, logrando que en el colegio de Aurora no se hicieran alfileteros los días de las madres. Pero, como todo en la vida, Aurora Thalía empezó a ver la telenovela “Cristal” y se empepó en conocer una máquina de coser.

 

Ante la negativa de su madre, la chama del cuento consiguió que una compañera de clases, cuya abuela era costurera, le llevara una a su casa con tan mala suerte que Aurora Thalía se pinchó el dedo índice nada más verla.

 

Así terminó en coma, sus papás luego de intentar de todo se fueron a vivir a Miami y la dejaron “durmiendo” en su apartamento de La Guaira.

 

En nuestra historia original, Aurora Thalía se despierta 30 años después en el 2018. Aquí aplicaremos la misma de Marvel y tendremos universos paralelos. En este nuevo universo sólo pasan 20 años cuando el malandrín llamado “El McGiver” intenta invadir el apartamento de los papás de Aurora. El pana que era un poco sádico, primero pensó que era una muñeca inflable, al darse cuenta que era una persona real y por culpa de un exceso de películas de Disney, Sandra Bullock y Hugh Grant, la besó en la boca despertando a nuestra protagonista (qué si piensas que Aurora llevaba dos décadas sin lavarse los dientes, ese beso con lengua fue un asco).

 

Aurora Thalía despertó muy aturdida, asustada y confundida en el año 2008.

 

Año 2008

 

En el 2008, Chávez está vivo y recién empieza la reconversión monetaria (la primera), Televen recién lanzaba “La Bomba” y nuevamente venían en elecciones regionales, Aurora Thalía trataba de adaptarse al mundo, al futuro y a Venezuela.

 

Cuando sus papás supieron de que se había despertado estaban muy felices porque habían dado por perdida a su hija. Querían verla, pero era muy difícil, a Aurora Thalía los gringos no le iban a dar la visa y ellos no querían ni pisar el país. Mientras tanto, ella tenía que actualizarse, especialmente sus papeles, todo un reto para cualquier venezolano.

 

Al menos, nunca la había declarado muerta, lo que era un avance, para empezar había que renovarse la cédula de identidad y el pasaporte. Ya en este punto, sus tíos, la estaban ayudando, se la llevaron a su apartamento en la Avenida Victoria y la bajaban a La Guaira algunos fines de semana para que ella pudiera estar sola (pero en realidad ella lo que quería ver es a “El McGiver”).

 

En esos tiempos renovarse la cédula era tan tedioso como en 1988. La única diferencia recaía en que no había que acercarse a las oficinas de la Onidex. Ahora habían operativos por toda la ciudad, eran colar largas, interminables y bajo el sol, pero al menos te ibas allí con tu documento de la República Bolivariana el mismo día (eso si era una diferencia con respecto dos décadas atrás cuando tardaban meses en darte el rectangulito plastificado).

 

Lo siguiente fue el pasaporte y aquí la cosa se complicó. En aquellos años, conseguir el librito azul que te identificaba como venezolano por todo el mundo era tan difícil como ponerse buena con una dieta mágica. Para conseguir el documento, primero había que pedir una cita a través de una página web. Suena fácil ¿no? Pues no lo era porque era mayor la demanda que la capacidad de respuesta del gobierno, por ello había que estar cazando la cita durante todo el día, incluida la madrugada. Podían pasar meses antes de obtener la cita. Incluso, se había creado un mercado negro de conseguidores de citas.

 

Aurora Thalía pagó por conseguir su cita. A las dos semanas fue a la oficina de la Onidex del Centro, la principal. Allí estuvo toda la semana haciendo todo tipo de colas: la de llegada, la de la firma, la de llenar la planilla, la de esperar para entregar la foto (en este tiempo la foto carné la llevaba uno), luego otra cola para pagar con los timbres fiscales, y al final otra cola para el papelito para buscar el pasaporte cuando estuviera listo. Al mes, el librito azul estaba listo y fue otra mañana de colas hasta que lo consiguió.

 

Renovar los documentos no fue la única novedad de estos 20 años. Descubrió los celulares, la delincuencia, el caos del metro, los secuestros exprés, todos los centros comerciales nuevos, el reggaetón, los multicines, la inflación, el comienzo de las redes sociales, los mensajes de texto, la maldición que tenían los Navegantes del Magallanes, Los Tigres de Aragua ganando toda la década, los Leones perdiendo finales, el Pin del Blackberry e internet. Por no hablar de todos los cambios de Venezuela, que no eran pocos, pero las cadenas y el “Aló Presidente” fueron impactantes para ella.

 

Pasado unos meses, sus papás habían coordinado todo para que pudieran verse. Aurora Thalía recibió un Pin de su papá con los detalles del viaje a Panamá con una frase al final que la desconcertó: “Así aprovechamos y raspamos el cupo”.

 

¿Raspar el cupo? Por suerte, sus tíos se lo explicaron. Desde el año 2003, en Venezuela no se podía comprar monedas internacionales libremente, es decir, no se podían comprar dólares como todo el mundo en una casa de cambio o en el banco. Para conseguir dólares había que justificar su uso. Entrar a hablar del papeleo que tenían que hacer las empresas, implicaría un cuento de cien páginas. En cuanto a las personas naturales, las vías eran: viajar, compras electrónicas, estudiar en el extranjero y remesas familiares.

 

La vía más común era el cupo viajero y la gente aprovechaba para también usar el electrónico. Hay que agregar que todo esto se hacía con un dólar a un precio fijo estipulado por el Estado, mientras en la calle había una cotización paralela que era al menos el doble del oficial (esta ecuación cambió a través de los años).

 

Si un venezolano deseaba viajar al exterior podía solicitar hasta el año 2007: $5.000 en tarjeta de crédito, $600 en efectivo y $3.000 para comprar electrónicas usando las tarjetas de crédito, todo esto coordinado por un ente llamado Cadivi.

 

En el país de la imaginación, en donde se creaban los negocios más inesperados como vendedores ambulantes que hacían la pedicura, alquiladores de sillas de plástico para colas y muchas banderas para las marchas, fue fácil crear una industria de los cupos de Cadivi.

 

Era lógico, en noviembre de 2007, por ejemplo, el dólar oficial estaba $1 en Bs. 2150, pero el paralelo estaba $1 en 6100, era casi un tercio del precio real, por eso la gente empezó a viajar a destinos como Panamá, Curacao y Aruba donde había negocios que por un porcentaje pasaban las tarjetas de crédito y le daban el efectivo a los turistas, incluso ayudaban con el cupo electrónico. Cadivi es un tema muy matemático, pero se puede ver así con $3.032 se podían comprar los $8.600 del dólar oficial. Así que irse a raspar el cupo era un negocio redondo donde el costo del pasaje y el hotel de un fin de semana no eran tan altos como el beneficio.

 

Había quienes usaban el cupo Cadivi para viajar y nada más, muchos raspaban sus propios cupos y ya, pero otros compraban cupos ajenos y los raspaban en masa. Aun así, el negocio era redondo.

 

En el año 2008 comenzaron los cambios, el cupo electrónico bajó a $400 y el efectivo a $500, pero los $5.000 de viaje siguieron. Pese a ser un proceso complicado de entender, Aurora Thalía había vivido Recadi, así que lo entendió bastante rápido. Al menos fue astuta y se sacó las tarjetas de crédito prepago tan pronto como pudo.

 

Claro sacar esos dólares no era tan fácil, había que vivir un proceso burocrático que comenzaba con tres carpetas manila marrones (la autora vive un escalofrío de solo recordarlo) por trámite. En el caso de Aurora, eran nueve carpetas marrones, tres para el cupo viajero, tres para el electrónico y tres para el efectivo. En todas tenía que incluir la copia de la cédula de identidad, del pasaporte, la planilla Cadivi, para viajar se incluía el pasaje y la visa de ser necesario.

 

Luego de horas de fotocopias, estrés, etiquetas, más copias y equivocaciones, Aurora Thalía se fue al banco. Las agencias bancarias venezolanas eran de todo, menos solitarias. Siempre estaban llenas de cientos de personas que iban a depositar, retirar, transferir, abrir cuentas, pedir tarjetas de débito, chequeras, tarjetas de crédito, créditos y desbloquear cuentas. La locura Cadivi había hecho que los bancos asignarán ejecutivas de cuentas solo para este proceso.

 

Aurora llegó a primera hora al banco, pero ya había cola. Apenas se abrió la sucursal, todos tomaron su número, ella tenía seis personas por delante, así que esperó pacientemente unas tres horas ser atendida por una mujer uniformada de azul marino que estaba muy cansada de hacerle las mismas preguntas una y otra vez: “¿A dónde viaja?” “¿Por cuántos días?” “¿Dónde se queda?” información que ya estaba en las carpetas, y luego revisar miles de planillas y pasar esa información a la computadora. Una vez entregadas las nueve carpetas a Aurora Thalía solo le quedaba esperar la aprobación de Cadivi. En esos tiempos, el organismo aprobaba a los pocos días, ya en sus últimos años, aprobaba el día del viaje o después.

 

Como iba a Panamá, tuvo que ponerse la vacuna de la fiebre amarilla. Un día tenía que ir a recibir la codiciada inyección, el cual fue fácil y rápido, tan sencillo que parecía mentira. El segundo día, cuando le tocaba buscar el certificado de la vacuna fueron al menos cuatro horas de cola porque sólo había una persona encarga de escribir a mano cada cuadradito amarillo de cartón.

 

Y llegó el día. Con Cadivi aprobado, pasaporte, certificado de la fiebre amarilla y pasaje en mano, se fue a Panamá. Aurora que era una mujer de los años 80s, se sorprendió a si misma viajando al país centroamericano. En sus tiempos, allí no había nada que buscar, los venezolanos se iban a Miami y Europa. Fue una sorpresa para ella el avance, los edificios modernos, las autopistas, los centros comerciales, el canal, incluso la seguridad. Era sorprendente como en veinte años Venezuela pasó de potencia a pobreza y Panamá de pobreza a modernidad.

 

Ver a sus padres fue una alegría infinita. Para ella, no había pasado tanto tiempo porque las dos décadas desmayada no cuentan, pero para sus padres fue un sueño hecho realidad. Estaba igualita con sus 17 años, en cambio ellos si había cambiado y engordado porque el imperio le hace aumentar kilos a todos.

 

Esa semana fue de ensueño. Conocieron el canal, los malls, Colón, las playas. Comieron, bebieron, caminaron y conversaron mucho. Aprovecharon el cupo para pagar los hoteles, comidas y taxis. La protagonista se compró bastante ropa porque al cambio era muy barata y le buscó un televisor y una laptop a los tíos. Además, como el viaje fue entre el final de un mes y el inicio de otro, sacaron los $500 del cajero de cada mes. Aurora iba escribiendo en un papelito lo que iba gastando y lo que tenía en el límite de la tarjeta para no sobrepasarse y sacar todos los dólares posibles. Al final, luego de pagar casi todo, rasparon lo que quedaba de cupo en un negocio que les recomendó la tía de Aurora. Haciendo caso de los consejos de casi todo el mundo, abrió su cuenta en dólares en el país centroamericano.

 

Llegó el día de la despedida sabiendo que harían lo imposible por vivir en el mismo país de nuevo. Por ahora, sus papás le dijeron que se averiguara como sacar el Cadivi estudiante y las remesas familiares.

 

Año 2009

 

Con el nuevo año, llegó una nueva oportunidad de viajar con los dólares Cadivi. Mientras tanto, Aurora Thalía se puso a trabajar en la tienda de perfumes de sus tíos quienes sufrían con el tema de la inflación, los dólares y la delincuencia. Ya para este punto, Aurora ya entendía lo complicado de la inseguridad, lo complicado que presupuestarse debido a que cada día los precios de todo subían, lo imposible que era independizarse y lo fácil que era que el novio preñara a otra (sí, El McGiver le montó cachos).

 

Ese año se vio con sus papás en Curazao. Cadivi cambió el cupo de viajero de $5.000 a $2.500, manteniendo los $400 del cupo electrónico y $500 de efectivo. En ese año, hacer las carpetas era más complicado porque el organismo se puso quisquilloso en el orden, el tamaño de la letra, las planillas, y la calidad de las copias.

 

Nuevamente, Aurora hizo sus nueve carpetas, sus cuatro horas de cola en el banco y espero con cierta ansiedad hasta dos días antes del viaje para tener la aprobación. Con tan sólo llegar a la isla, todos en la familia supieron que debieron ir a Aruba. En Curazao no había mucho que hacer, con el adicional de que la mayoría de las tiendas cerraban el domingo… sí, en una isla turística. Pero la alegría de verse de nuevo fue suficiente para las carencias de la isla. Igual usaron el cupo para pagar ciertos gastos y luego raspar el cupo. Igual esta vez fue menos lo que quedó porque bajó a la mitad.

 

Este año, Aurora fue mucho más cautelosa con las cuentas y las facturas. Si uno se pasaba con el monto y este era superior al crédito que se tenía el banco bloqueaba la tarjeta y podían tardar horas en resolverlo y si era fin de semana, podría ser peor.

 

Nuevamente, la protagonista se quedó asombrada de como una isla a la que nadie le prestó atención en su época, que incluso tuvo un ferri directo, era ahora un mucho mejor destino turístico y como era posible caminar sin miedo por la calle.

 

Los papás de Aurora Thalía le insistieron con sacar las remesas y el cupo de estudiante. Años después Aurora se arrepentiría de no hacerles caso (aunque debía arrepentirse primero de buscar la máquina de coser y todo el cuento del desmayo).

 

Año 2010

 

Aurora Thalía ya estaba un poco cansada del país, la escasez se había agudizado, así como el resto de los problemas. Ese fue el mismo año que el gobierno cambió las reglas de las cuotas de votos para la Asamblea Nacional, así que la oposición pese a ganar en número de votos, no tenía la mayoría.

 

Este fue el año donde el concepto de Cadivi cambió. Subió a $3.000 para viajero, pero dependía del lugar y el tiempo de estadía. También el monto influía en el destino, Aruba, Curazao y Panamá básicamente fueron sacados del mapa, sólo se asignarían $700 por una estadía de diez días, lo cual no servía ni para pagar el hotel. Así que el negocio de raspar el cupo se terminó para la mayoría.

 

Aurora y familia decidieron viajar a Europa. Con $3.000 se puede hacer bastante en el viejo continente, además aprovecharían la excusa de quedarse más de diez días para recorrer un par de países.

 

Esta vez, no eran necesarias las nueve carpetas, con una por tipo de cupo era suficiente, pero la cola para procesarlo en la oficina del banco era igual de un par de horas. El tiempo de respuesta era aún más cercano al día del viaje, así como el tema del bloqueo de las tarjetas si se usaban mucho o se superaba el monto del crédito.

 

También, fue ese el año que Cadivi empezó a llamar a la gente para presentar las facturas en qué usaron los dólares, lo cual era totalmente injusto… bueno, todo Cadivi era injusto.

 

El viaje a Europa fue inolvidable para todos porque los papás de Aurora viviendo en el imperio no era que pudieran viajar a cada rato al viejo continente. Vieron museos, lugares históricos, familia, se tomaron miles de fotos y disfrutaron de los viajes Low Cost (y aprendieron que siempre son en horarios incomodísimos y en aeropuertos lejísimos.

 

Fue en este viaje cuando hablando con unos primos de su papá, se les ocurrió que Aurora podía sacarse los papeles españoles. Su abuelo paterno, quien murió cuando su papá era un niño, era español y ella podía sacar la nacionalidad por tener un abuelo nativo de la madre patria.

 

Fue llegar a Venezuela, y sacar los papeles de la nueva nacionalidad. Es importante decir que España puede ser primer mundo, pero en términos burocráticos no lo es tanto. Así que fue todo un tema procesar esos papeles. Tuvo que ir al menos cuatro veces a la embajada, pelearse con como cinco personas porque la atención al cliente era bastante mala, y pedir unos documentos muy complicados a sus primos en Madrid. Luego de cinco meses de sangre, sudor y lágrimas, Aurora tenía su pasaporte de la Comunidad Europea.

 

Año 2011

 

Este año, finalmente Cadivi se quedó quieto con los números y procesos. Además, fue en este año cuando Aurora aprendió a comprar Deuda de la República (otro proceso largo y confuso).

 

Teniendo el pasaporte español, Aurora Thalía podía viajar a Miami y quedarse con sus papás tres meses. Nuevamente, Aurora hizo sus tres carpetas con mucho detalles porque ahora cada documento venía con una portada que traía Cadivi y había que usar lo que ellos exigían porque cada página tenía un número y el número total salía en la planilla principal. Aún no sabemos si lo crearon para mejorar o empeorar el proceso (seguro para empeorarlo).

 

Es curioso como ahora eran tres carpetas y no nueve, pero era más complicado. Una vez logró armar sus carpetas, fue de nuevo al banco, espero al menos dos horas en ser atendida (y eso que no era ni viernes ni quincena). Le aprobaron los cupos el día anterior al viaje. Y así Aurora se fue a pasar unos meses en la Florida.

 

Fue sólo llegar y sentirse impresionada por el imperio. Y es que Estados Unidos, aun en Miami que es un pueblo con muchos malls, impresiona. Son los edificios, el tamaño del aeropuerto, de las autopistas, de los centros comerciales, del zoológico y de los Walmarts.

 

Sus papás vivían en una casa que para un venezolano parecía de millonarios con bañera, jardín, piscina, televisores de última generación, una nevera espectacular, y lavavajillas. Pero, en el imperio era una casa normal tirando a pobre. Los $3.000 del cupo de viajero, más los $500 de efectivo y los $400 de internet, eran más que suficientes para pasar esos días con sus papás, abrir una cuenta en USA, y comprarse unas cositas.

 

Le impresionó los supermercados, la capacidad de comprar lo que quisiera, donde quisiera, la cantidad de restaurantes, lo seguro que era comprar online, lo similares que eran todas las casas y urbanizaciones, calles llenas de carros nuevos, lo difícil que era vivir sin carro por allí, lo mucho que la gente trabajaba, lo solos que estaban todos, lo mala que era la televisión latina y lo importante que era hablar inglés.

 

En esos tres meses, sus papás intentaron convencerla para que se quedara, aunque fuera ilegal, pero Aurora se negó. Esa no era la forma, y ella le gustaba su Venezuela. Así que Aurora Thalía se regresó a su país luego de tres meses.

 

En el 2012, la protagonista cambiaría de opinión luego de descubrir los sabores de la inseguridad y pediría Cadivi de estudiantes, pero eso se contará en otra historia.  

 

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