Cuentos de hadas a la venezolana: Blancanieves y el Día de la Madre

 

Érase una vez en un reino muy hermoso donde las madres eran protagonistas. Era un país lleno de madres dedicadas que temían con el día en que sus hijos se fueran de la casa porque los veían como sus bebés para siempre, la situación económica las ayudaba porque era prácticamente imposible dejar la casa de los padres porque alquilar era imposible y comprar inmueble era un sueño que nunca vería la realidad. En este matriarcado vivía blanca Nieves Ramírez Rodríguez.

 

Blancanieves era un caso excepcional, había perdido a su mamá cuando era una niña, prácticamente no la recordaba. Su progenitora era sólo una mujer en una foto, un recuerdo borroso. Su papá como todo buen hombre no supo estarse solo, así que se arrejuntó con una mujer con la que vivió el resto de su vida y con quien tuvo más hijos.

 

El peor día del año para Blancanieves era el Día de la Madre. Nunca supo cómo celebrarlo, era un día muy solitario porque no había una madre, había abuelas, madrastra y hasta un papá, pero ellos no evitaban que se sintiera sola. Blancanieves se había prometido algún día qué tendría muchos hijos para que el Día de la Madre tuviera por fin significado en su vida

 

De pequeña la relación entre la madrastra y ella no era tan mala incluso llegó a verla como una madre, pero fue llegar a la adolescencia empezó para que empezara la guerra. Gritos como “tú no eres mi madre” y “carajita un día de estos te mato”, se hicieron más frecuentes en la casa.

 

El día decisivo llegó cuando Blancanieves le robó unos tacones a la esposa de su papá. La mujer la descubrió y además de los gritos, a Blancanieves se le fue la olla lanzándole uno de los zapatos al espejo de la peinadora de la madrastra, para su mala suerte el espejo se rompió. Además de los años de mala suerte que conlleva esa tragedia, la mujer estaba furiosa. Ella amaba su espejo, se pasaba horas maquillándose, con las cremas de la cara, hablándose y pensando sobre la vida.

 

Para evitar un crimen, el papá de la muchacha la mandó a Mérida, su ciudad de origen. Allí vivían unas tías que veían a Blancanieves como una novedad (también tenían teorías de como educar a la adolescente). La muchacha se fue de muy mal humor a la ciudad andina.

 

Sin haberlo planeado, a la semana era la persona más feliz del mundo. Las tías cocinaban sus comidas preferidas y la dejaban salir hasta la hora que quisiera. Los merideños era muy amables, hizo amigos en dos días. Se pasaba el día en la plaza conversando con ellos, en la noche iba a fiestas donde podía beber y fumar sin problemas.

 

Por unos días se fueron de visita a una finca. Blancanieves amó el lugar. Ser una niña de ciudad implicaba que cada ser vivo que no fuera una cucaracha era una aventura. La chica disfrutó de los prados, los arboles, las flores, los cultivos, las gallinas, las vacas y sobre todo los caballos. En aquellos tiempos, había una telenovela de moda, “Las Amazonas”, Blancanieves no se la perdía por nada. Esta historia de tres hermanas, tres amores y caballos de por medio la tenía hipnotizada. Soñaba encontrarse con un “Rodrigo”, el protagonista de la telenovela que era veterinario.

 

Una tarde se fue a recorrer los alrededores, estaba fascinada con el verde, el azul y el dorado. Era como vivir dentro de un cuadro. Blancanieves estaba pasmada viendo el paisaje cuando se atragantó con una manzana. Fue de esas tragedias tontas como cuando uno se ahoga con la saliva. La muchacha tosía y tosía sin poder respirar, por un segundo se imaginó a las tías encontrando su cuerpo en el medio del campo descubriendo que murió por una manzana, también imaginó a su madrastra muerta de la risa enterándose del cuento.

 

Para su suerte, cabalgaba por el lugar un muchacho que la salvó, cual héroe de película. Ya más recuperada, el muchacho le contó que estudiaba para veterinario, como Rodrigo en la novela. Ramiro, así se llamaba el salvador, la llevó de regreso a la finca y desde ese día fueron inseparables. Blancanieves no volvió a la capital, se quedó a vivir en Mérida lo que mejoró la relación con toda la familia. Esperaron a que Ramiro se graduara para casarse, tuvieron siete hijos y fueron bastante felices.

Así como el mundo evolucionaba, llegaron las computadoras, los celulares, el internet, las redes sociales, la igualdad de género, la igualdad sexual, las películas de Marvel, Netflix y Game of Thrones. También las telenovelas pasaron de Topacio a Dulce ilusión, de Contraviento y Marea a Cosita Rica, de Juana La Virgen a La Mujer de Judas. Las protagonistas pasaron de muchachas pobres, vírgenes e ingenuas a profesionales con novios, y los galanes de mujeriegos a hombres de ensueño.

 

La vida en Venezuela también cambió, de adecos y copeyanos, pasaron al chiripero para terminar en chavistas y oposición; del dólar a Bs. 4,30 a Cadivi terminando a dolarización; de poder comprar casa y apartamento en la playa a no poder ni alquilar un apartamento tipo estudio en un barrio malo; de comer tres veces al día más merienda a morirse de hambre; de recibir a emigrantes de todos los países del mundo a ser la mayor diáspora del planeta.

 

Los Días de las Madres también evolucionaron, de tener un pequeño bebé a un alboroto de siete niños llenando la casa de manualidades de colegio; de fiestas gigantes donde hasta la madrastra estaba invitada a empezar a recibir felicitaciones de sus hijos por Skype o Whatsapp. El Día de la Madre de año 2020 fue el año más duro para Blancanieves porque no tuvo a ninguno de sus hijos con ella. Cada uno tenía una razón para no estar allí.

 

-Martín era el hijo mayor. Luego de ser un adolescente tan complicado como Blancanieves había estudiado administración en la universidad, obtenido un buen trabajo en una corporación, se había casado tenido dos hijos y mudado a España. La esposa tenía la nacionalidad, se había mudado cinco años antes. Al principio podían ir y venir al viejo continente, pero entre la inseguridad y la inflación en ambos países, verlo se hacía cada vez más complicado.

 

-Susana vivía en Miami. En 2010, fue víctima de un secuestro exprés. Blancanieves vivió uno de los peores días de su vida. Susana quedó traumada, tanto que se fue al imperio a pedir asilo político. El proceso legal aún estaba en proceso (llevaba siete años en eso), pero no podía salir de Estados Unidos. Sus padres la visitaron los primeros años, pero se les había vencido la visa de turista, la embajada en Caracas cerró, solo podían ir a Bogotá a renovarla.

 

-Guillermo. La historia de Guillermo es la más triste. Un sábado en la noche, al salir de una rumba, unos motorizados intentaron robarle el carro, él se negó. Le pegaron veintitrés disparos, ni si quiera se llevaron el auto. Blancanieves lo lloraba cada mañana y noche de su vida.

 

-Mariana estaba muy deprimida, ya ni salía de su casa. Un par de años atrás había quedado embarazada, justo al octavo mes se le adelantó el parto. El proceso se complicó por culpa de la preeclampsia, ninguna clínica privada tenía el equipo para su caso, solo una maternidad pública que estaba desbordada. Los doctores hicieron lo imposible por salvarlas a ambos, el bebé no lo logró. Mariana no lo conoció, no pudo verlo vivo. La tristeza le costó la salud y el matrimonio. Mariana intentaba no dejar sola a su mamá en un día tan importante, pero aprovechó el coronavirus y la cuarentena para usarlo de excusa y quedarse en casa lamentando no poder celebrar ese día con su hijo.

 

-Fernando fue el hijo que le dio más trabajo. De niño era particularmente tremendo, de adolescente hizo de todo incluida las drogas y preñar a una compañera del colegio. Amó a Chávez desde siempre, lo que se llama un chavista originario. Entró en el gobierno primero como concejal para ser luego alcalde, diputado, gobernador y ministro. La relación entre Fernando y su familia era cada día más tensa, al principio se hacían los locos, pero a medida que la fortuna de Fernando crecía, el número de muertos y presos políticos aumentaba. Blancanieves amaba a su hijo con toda su alma, pero no podría dormir tranquila sino dijera lo mucho que odiaba la situación a su hijo.

 

-Alejandra llevaba presa desde 2017. Ale era una opositora acérrima, no se pelaba una marcha, cacerolazo, bailanta o votación. Incluso ayudó en Súmate para verificar las firmas para el Revocatorio. Un triste día de 2017, un año en el que murieron 157 venezolanos por protestar y más de mil encarcelados, la Guardia Nacional se llevó a Alejandra. Blancanieves le pidió a Fernando que la ayudara, pero este se negó diciendo que todos los criminales debían pagar por igual. Las pocas veces que podía visitarla, Blancanieves sabía que su hija le ocultaba las torturas que sufría a diario, se sabía con solo verla, estaba demacrada, con veinte kilos menos, la piel ceniza, el cabello pajizo y la mirada perdida.

 

-Ricardo había vivido en Venezuela hasta el año pasado, per cuando supo que la gente comía perros y gatos de la calle por culpa de la hambruna sumado a lo que le pasaba a Alejandra decidió irse del país. Tenía unos pocos dólares ahorrados, pero no eran suficientes para pagar el avión, los papeles y el inicio de una vida en un destino desconocido. Decidió irse caminando a Lima, de allí tomaría un autobús a Santiago de Chile. Eran más de cuatro mil kilómetros de camino, unos tres meses durmiendo en el asfalto.

 

El día 10 de mayo de 2020, Ramiro se portó como el príncipe que era, le celebró el Día de la Madre a su esposa lo mejor que pudo. Al menos tenían el consuelo de las llamadas por Skype y Zoom.   

 

 

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