San Chávez

 

"Y son restos humanos, en nuestras narices… un signo pero muy evidente de la inmensa descomposición moral que sacude este planeta. Estamos en presencia de algo macabro, con cuerpos humanos que dicen que le aplicaron unos polímeros, pero son cuerpos humanos que entraron al país para una exposición y la gente paga para ver un cuerpo humano, un cadáver", dijo Hugo Chávez en Aló Presidente, 8 de marzo 2009, sobre una exposición de cuerpos humanos. 

 

Fue el 13 de febrero de 2000, en los estudios de Radio Nacional de Venezuela, con los sentimientos revueltos por una copla llanera. “Cuando yo me muera quiero que me entierren en Sabaneta de Barinas, lo digo ante el país”, proclamó en vivo.

 La Patilla, 8 de marzo 2013

 

La primera vez que Omar Barsibosynova conoció el significado de la palabra miedo fue el 4 de marzo de 2013 cuando escuchó, con un fuerte acento cubano,  la frase “Ellos van a matarlo esta noche”. Su primer pensamiento fue ¿Por qué? Omar estaba por terminar el trabajo, el cuerpo estaba perfecto, era uno de sus mejores obras, incluso una enfermera vio la “momia” y pensó que Hugo Chávez estaba vivo.

 

“¿Estás seguro de lo que dices Ricardo? ¿Por qué quieren matarme?”

 

“Por Teresa, nadie la ha visto en dos días. Ellos dicen que escapó a Colombia y le vendió la información a Capriles. En Caracas hay muchos rumores circulando, por más que lo niegan, la gente está sospechando que Chávez está muerto. Incluso dicen que su mamá quiere venir a verlo porque ya no les cree, y además algo pasó con un tal Magallanes que ganó lo que no debía ganar. Usted es el único que tiene el poder de decir la verdad”, explicó Ricardo con su fuerte acento cubano.

 

“Pero yo les di mi palabra…”, contestó Omar en su español que sonaba más a ruso que a castellano.

 

Omar nació en Kazajistán en la época de la Unión Sovietica, conocía el comunismo de cerca, pese a que su país se separó de Rusia a principio de los 90s, siempre quiso dejar atrás su tierra pues pese a comenzar una vida democrática y capitalista, la herencia rusa era muy fuerte. Es por ello que buscó la excusa de estudiar su carrera en otros países y en consecuencia hablaba perfecto inglés, español y japonés.

 

Pese a todo el tiempo que viajó, la influencia de su cultura era muy fuerte por eso no podía evitar ser un hombre reservado, y sobre todo ser el tipo de persona que creía en el valor de la palabra de un hombre. Él no entendía por qué ellos no confiaban en la suya. Se sentó en su silla de metal, necesitaba respirar y pensar. Aunque el laboratorio estaba a muy baja temperatura, él ni lo notó; su nativa Kazajistán era más fría que esos metros cuadrados. Miró el laboratorio otra vez, era tal cual él les había pedido: dos camillas para el cuerpo, muchas luces blancas, tres gaveteros y un congelador lleno de envases con órganos humanos y químicos.

 

En ese momento recordó a Teresa, la mujer con la que estaba saliendo desde el mes pasado. Ella era diferente a todas las mujeres que él había conocido. Era muy habladora, espontánea y alegre, siempre decía lo primero que le venía a la mente, era tan diferente a las mujeres de su país. Omar sabía que nunca podría casarse con ella pero disfrutó del tiempo que pasaron juntos. Deseaba que realmente lograra salir de Cuba, Teresa siempre hablaba sobre conocer el mundo, le preguntaba mucho sobre los países donde él había vivido. Era imposible de lo que la acusaban, ella no tenía acceso a internet, a un teléfono celular u otra manera de comunicarse con uno de los líderes de la oposición venezolana, Henrique Capriles.

 

Él había escuchado sobre Capriles porque todos en la isla sólo hablan de él, ellos estaba muy asustados sobre la posibilidad de que el opositor y su gente descubrieran la verdad sobre la muerte de Chávez. Hugo Chávez murió en diciembre de 2012 pero su partido político continuaba diciendo que estaba vivo y recuperándose en Cuba. Mientras tanto en Venezuela eran muchos rumores sobre su muerte, su gente continuaba mintiendo, enviando fotos y  audios falsos.

 

“Ricardo ¿Quién te lo dijo? ¿Quién quiere matarme?”

 

“Todo el mundo lo sabe. Tiene que escapar hoy en la noche. Me tengo que ir y buena suerte”

 

“Ricardo ¿Tú crees que Teresa lo hizo? ¿Pudo haber hablado con Capriles?”

 

“No señor, pero no se preocupe ella es inteligente. Ella sabe cómo cuidarse y usted tiene que hacer lo mismo”.

 

Omar lo miró por unos segundos, Ricardo con sus ojos tristes, eterno apetito y sus ambiciosas preguntas había sido un excelente  asistente y un gran amigo, “Ricardo, gracias. Fue un placer trabajar contigo”. Ricardo dejó el laboratorio y Omar sólo tenía un pensamiento: ¿Cómo podría escapar de Cuba? La isla estaba vigilada por muchos guardias cubanos y venezolanos, era imposible que un hombre con fuertes rasgos asiáticos pudiera caminar sin ser visto. El doctor en ciencias forenses que salvó el cuerpo de Lenin del ataque unos terribles hongos y que embalsamó Kim Jong-Il tuvo que tomar la decisión más importante de su vida: cómo seguir vivo.

 

Caminó a lo largo del laboratorio pensando. Tenía suficiente dinero en el banco pero sólo unos miles de dólares en efectivo; no poseía demasiados objetos personales que cuidar, así que podría escapar con un bolso pequeño. Pero el problema era el mismo: todos en La Habana lo conocían, lo llamaban “El Chino-Ruso”. En Cuba, él era una excentricidad que lucía como un chino y hablaba un perfecto español con un fuerte acento ruso, ellos nunca habían escuchado sobre Kazajistán antes de su llegada, él era un espectáculo de circo para ellos y esa fue la razón por la que Teresa se le acercó.

 

Omar se dio cuenta que no tenía ninguna experiencia enfrentando peligro real o disparando un arma, era un nerd que se había dedicado a estudiar toda su vida.  

 

Se quedó un momento observando su trabajo: el perfecto cuerpo embalsamado de Hugo Chávez. Recordó como estaba trabajado en China reconstruyendo el cuerpo de Mao Tse-tung cuando Vladimir Putin lo llamó por teléfono para esta misión como un favor personal. “Ellos te quieren allá porque Fidel cree que tú eres el mejor”, le dijo en perfecto ruso. Omar no podía cambiar su destino, una llamada de Putin era algo que no se puede rechazar. Cinco días después, él estaba en el aeropuerto de La Habana conversando con el número dos del chavismo quien le explicó que quería un trabajo discreto y rápido.

 

***

 

"Sufrió bastante. Nosotros que estábamos al lado vimos que sufrió mucho esa enfermedad. No podía hablar, pero lo dijo con los labios: 'Yo no quiero morir, por favor no me dejen morir”,

General José Ornella

El Mundo, 7 de marzo 2013

 

Observando el cuerpo de Chávez en el laboratorio tuvo un momento de lucidez: él no podía huir de La Habana pero podría hacerlo desde Caracas. Venezuela era más grande que la isla y por lo tanto con más formas de escapar, así que tenía que buscar la manera de llegar al país suramericano.

 

En ese momento el general José Ornella apareció en el frío laboratorio. Era un hombre alto y fuerte que siempre vestía su uniforme militar y cada vez que pasó por el laboratorio usó su boina roja, gran símbolo del chavismo, que además servía para ocultar su calvicie. Ornella era el hombre detrás de Chávez, lideraba su guardia militar, cuidó y se hizo cargo de la seguridad personal del presidente, incluso desde que fue diagnosticado de la enfermedad que le quitó la vida, estuvo con él en todo momento.

 

“Doctor su trabajo está terminado, es tiempo de ir a casa”.

 

“Disculpe ¿pero está hablando del Presidente Chávez o de mi persona?”

 

“De ambos. Mañana tendrá el resto del pago en su cuenta. Así que vaya a recoger sus cosas porque su vuelo sale en dos horas”.

 

Omar supo que era una mentira, no había dinero o vuelo para él, sólo balas y sangre. “No puedo irme, es imposible que deje el cuerpo solo. Soy un perfeccionista  y debo acompañar al cuerpo hasta su última ubicación”.

 

“Doctor eso no es necesario, nosotros nos  haremos cargo del presidente”.

 

“No, ustedes no pueden. Me llamaron porque me creyeron el mejor, así que debo viajar con él”

 

El general Ornella lo miró silenciosamente. Omar estaba tan aterrado que imaginaba a Ornella planificando su fusilamiento en las afueras del edificio donde se encontraban.

 

“Doctor, usted nunca nos habló de viajar con el presidente”.

 

“Sí lo hice, puede preguntarle al señor Maduro”. Omar mentía, él nunca dijo nada sobre viajar a Caracas con Nicolas Maduro, pero el día que le explicó el proceso de momificación, este no le prestó atención.

 

“El señor Maduro no está aquí ¿Puede explicarme por qué debe viajar con el presidente?"

 

“El cuerpo necesita una inyección periódica de los químicos que he estado usando. El presidente ha estado en este edificio por tres meses pero no conozco las condiciones de temperatura y humedad de su nuevo lugar en Caracas, incluso el vuelo y la presión del viaje pueden afectarle. Siempre he trabajado en el lugar donde el cuerpo pertenecerá por siempre y parte de mi trabajo es ser responsable y estar con él hasta el final”.

 

“Está bien, prepararé todo para el viaje”.

 

“Le repito, necesito viajar con el presidente”.

 

“Lo entendí. Prepárese, el vuelo sale en 30 minutos”.

 

Tan pronto como el general Ornella dejó el laboratorio, Omar pudo respirar. Sólo pensaba que seguía vivo y tenía unas horas más para continuar con su meta de sobrevivir. Para no parecer sospechoso, Omar, dejó su lugar de trabajo y se dirigió a su cuarto, el cual estaba en el mismo piso del laboratorio, tomó algo de ropa, dinero, su computadora y la tablet.

 

Una hora y media después de su conversación con el general  Ornella,  comenzaron a mover la momia. Fue difícil porque el cuerpo estaba momificado de pie con su mano derecha sobre su sien haciendo el saludo militar mientras vestía su uniforme y su boina roja. La mejor forma que encontraron para moverlo fue usando el avión que le pertenecía a Chávez, ya que este tenía una cama king size. Ellos colocaron el cuerpo sobre la cama y lo amarraron con algunos cinturones, Ornella fue el encargado de cuidarlo, mientras que Omar estaba sentado enfrente del cuerpo. El vuelo fue tranquilo, sólo un poco de movimiento en el despegue. Como no quería parecer sospechoso, Omar cada veinte minutos revisaba la momia y en dos ocasiones le inyectó algunos aceites.

 

El avión aterrizó en el aeropuerto de Charallave el 5 de marzo a las 5:00am. Decidieron no llegar al aeropuerto más importante de Caracas porque todo el país conocía el avión de Chávez. Ya en Charallave, una ambulancia los esperaba junto con dos camionetas negras para transportar el cuerpo.

 

***

Después de más de 60 horas de haber sido ingresado a la sede de la morgue de Bello Monte fue identificado el cadáver del capitán Eliézer Otaiza. La víctima presentó cuatro tiros entre la cara y el pecho, además de signos de haber sido torturado, y el rostro desfigurado. Para el momento en que las autoridades consiguieron el cadáver, estaba semidesnudo. Solo vestía un interior y las medias. Nahúm Fernández, jefe de la fracción del PSUV en el Concejo Municipal calificó de "raras" las circunstancias en las que fue asesinado Otaiza.

El Universal, 29 de abril 2014

 

El plan era llevar al cuerpo hasta el Hospital Militar en el cual tenía todo un piso cerrado al público, allí era donde los chavistas decían que el presidente estaba recibiendo tratamiento porque su partido aseguraba que continuaba vivo. Omar se iba a subir en la ambulancia cuando una nueva camioneta negra se estacionó en frente del vehículo médico, Omar no pudo ver el conductor quien conversó unos minutos con el general.

 

“Doctor, este es su carro”

 

“Ya le expliqué que tengo que estar con el presidente hasta el final”

 

“Lo estará pero la familia está llegando al hospital y quiere pasar un momento con él, usted tiene que entender. Esta camioneta lo llevará hasta su destino”.

 

Omar no sabía si el general estaba diciendo la verdad, pero no tenía otra opción más que hacer lo que él le pedía, bastante que había logrado salir de Cuba con vida. Subió a la camioneta, se sentó en el asiento trasero y vio que la manejaba un hombre alto y moreno que usaba lentes de sol, como curiosidad notó que no vestía ninguna prenda roja, luego de tres meses trabajando para el chavismo, Omar vio que todos siempre llevaban el rojo como símbolo. Este hombre podría ser cualquier caraqueño, pero en realidad era Eliézer  Otaiza, uno de los hombres más cercanos a Hugo Chávez.

 

Otaiza no habló con Omar en la vía al hospital, incluso Omar no podía saber que realmente la camioneta no se dirigía al destino que le habían dicho, él nunca había estado en Caracas antes. Contempló la ciudad, sus montañas, el famoso Ávila, sus viejos edificios porque Caracas no lucía como una ciudad moderna, en realidad le recordaba un poco a las ciudades post comunistas que conoció en su juventud, espacios que recordaban una época de gloria que no se mantuvo en el tiempo. Lo cierto es que a las 6:15 am la camioneta se estacionó en frente a un restaurant chino en una zona llamada Bello Monte, hasta Omar concluyó que ese no era el hospital Militar. “Me van a matar aquí” fue el pensamiento de Omar, quien en un ataque de pánico quedó casi paralizado.

 

Otaiza dejó la camioneta y entró al restaurant, unos tres minutos después un hombre asiático se acercó a Omar. “Hola Doctor, es momento de desayunar. Síguame, soy Juan”, le dijo en perfecto ruso. Omar estaba tan angustiado que sólo se le ocurrió pensar en lo curioso de que un chino se llamara Juan y que además hablara ruso.

 

Juan le enseñó el camino, era un restaurante bastante rococó en el que había que cruzar un pequeño puente para entrar. Por dentro las paredes eran rojas, los muebles de madera y ornamentos dorados. Otaiza estaba sentado en una de las mesas y bebía una cerveza. “Por favor siéntese, doctor”, le dijo Juan. El chino vio por unos segundos a Otaiza a los ojos cuando comenzó a hablar.

 

“Doctor, él es Eliézer Otaiza. Él quiere decirle que usted está en peligro y quiere ayudarle”.

 

“¿Por qué me quieren ayudar?”

 

“Por el mismo motivo porque ellos lo quieren matar, porque usted es la única prueba de que nuestro líder murió en diciembre”

 

“No entiendo por qué eso es tan importante”

 

“Usted no tiene que entender nada, usted sólo tiene que continuar vivo. Ahora, sígame”

 

Juan lo llevó hacia los baños y le dio ropa. Ya cuando se estaba cambiando, Omar se dio cuenta que era un par de pantalones negros y una camisa blanca, con esa vestimenta podía ser cualquiera de los camareros del restaurante o incluso primo de Juan, y entendió claramente que era la mejor forma de pasar desapercibido ya que si no abría la boca podría ser un descendiente chino de los cientos que habían en Caracas.

 

Cuando regresó a la mesa un nuevo hombre estaba sentado en ella. Era más joven que Otaiza, parecía triste y preocupado, vestía unos jeans y una chemise roja.

 

***

“El asesinato del parlamentario y María Herrera se realizó en un tiempo de 15 a 20 minutos, con un arma punzo penetrante. No se trata de un hecho azaroso cometido por el hampa común. El homicidio de Robert Serra fue intencional, planificado y ejecutado con gran precisión y al detalle con mucha técnica", aseguró el ministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres.

Trascendió de manera extraoficial que el cuerpo fue encontrado de Serra fue hallado junto con el de su pareja de nombre María Herrera. Asimismo, se conoció que el cuerpo

del parlamentario presentó signos de tortura”
Ultimas Noticias 2 de octubre 2014

 

Otaiza y el otro hombre se dejaron de hablar apenas Omar se sentó en la mesa. Unos minutos de silencio después Juan sólo dijo “Ellos quieren saber dónde está la sangre de Chávez”. La pregunta no sorprendió a Omar. El primer paso al embalsamar un cuerpo es retirarle toda la sangre porque las arterias deben estar limpias para insertarle los químicos correspondientes. Omar siempre botaba la sangre pero antes de comenzar su trabajo con el cuerpo de Chávez, el general Ornella le pidió que la guardara en el refrigerador. Dos días después de esa conversación, Omar revisó y la sangre no estaba allí, le preguntó a Ricardo y este le dio la respuesta “El señor Maduro se la llevó. No vuelva a preguntar por esa sangre, aquí le va ir mejor si no hace preguntas”.

 

Omar le respondió a Juan “Yo sé quien tiene la sangre, pero primero quiero saber por qué es tan importante el día en qué murió Chávez”. Los tres hombres se miraron, y como siempre sólo Juan habló con el doctor originario de Kazajistán.

 

“Ellos te necesitan vivo porque tu información les da poder”

 

“¿Cómo?”

 

“En 2002, Chávez firmó la renuncia como presidente porque pensó que su tiempo había pasado, pero dos días después su partido y los militares lo devolvieron al poder. Sólo el hombre que tiene el original de esa carta de renuncia, el general Lucas Rincón. Desde esa fecha, él ha vivido la gran vida. Es embajador en París, tiene un gran salario con bonos trimestrales, él sólo tiene que abrir la boca para recibir todo lo que poda. Los señores Otaiza y Serra quieren eso. Ellos le ofrecen su vida a cambio de su información”.

 

“Es evidente que no estoy en el hospital, cómo es que el general Ornella no me está buscando”

 

“Porque nosotros estamos encargados de matarlo, pero no se preocupe no lo vamos a hacer”

 

“No sé donde está la sangre de Chávez, sólo sé que la tiene el señor Maduro”.

 

Omar terminó de decir la frase y los tres hombres se miraron nuevamente. Lo que el embalsamador no sabía era que el joven parlamentario sentado junto a él, Robert Serra, era un gran creyente y practicante de la santería, al igual que Otaiza, Fidel Castro e incluso Chávez. La sangre de este último podía ser una poderosa arma de poder para los creyentes de esta práctica espiritual. Muchos eran los rumores sobre la posibilidad de que Chávez se mantuvo en el poder casi quince años luego de sacrificios como leones recien nacidos, el deslave del estado Vargas o la estatua de María Lionza.

 

“Doctor, agarre su bolso y este pasaporte chino. Va a viajar ahora hacia Bolivia, el vuelo sale a las 12 del mediodía, desde allí puede viajar a su casa. Tenemos que movernos rápido, ellos anunciarán la muerte de Chávez a las tres de la tarde”, dijo Juan retomando la conversación.

 

Omar se despidió de los otros dos caballeros y se montó en el carro de Juan un Toyota Corola azul del año 98. Eran las nueve de la mañana, el tráfico tenía paralizada Caracas como era normal.

 

Sólo tenían tres horas para llegar al aeropuerto y no parecía que pudieran lograrlo. Juan lucía estresado, su teléfono sonó por primera vez en horas. Juan tenía un IPhone, un teléfono que en Venezuela costaba (en aquel momento) unos tres salarios mínimos. Omar vio a dos hombres aproximándose con una moto hacia el Corola. El embalsamador había escuchado cosas sobre Caracas, sobre sus estadísticas criminalísticas que la hacían la segunda ciudad más peligrosa del mundo (en 2013), dos hombres en una moto eran sinónimo de peligro. Estos tocaron el vidrio del carro, Juan los vio y se puso pálido, ellos le enseñaron un arma, ellos querían su IPhone.

 

Juan hizo el gesto de darles el celular pero realmente agarró un arma que tenía escondida en la parte inferior de la puerta del conductor. Justo cuando tenía el arma lo suficientemente cerca como para apuntar a los asaltantes cuando uno de los criminales le disparó a Juan en el pecho y tres veces más en su cabeza, brazo y estómago. Ellos tomaron el IPhone y el arma de Juan. Le preguntaron algo a Omar, quien estaba en shock y pese a hablar español perfectamente  no pudo entender lo que le decían. Omar pensó que eran enviados de los chavistas para matarlo, pero la verdad es que Juan era una más de las 25 mil muertes causadas por el hampa cada año en Venezuela. Los dos asaltantes estaba a punto de dispararle al embalsamador cuando el trafico comenzó a moverse, así que los hombres se fueron dejándolo solo.

 

Allí estaba Omar en el asiento copiloto con Juan muerto al lado. Nadie se acercó al auto, el embalsamador esperaba que la gente tratara de ayudarlo, pero no pasó, el miedo era quien gobernaba la ciudad. Luego de unos minutos, tomó la mochila que estaba manchada por la sangre de Juan al igual que su camisa blanca, y comenzó a caminar por la calle. Después de 15 minutos andando decidió parar y pensar. Él estaba en una esquina, necesitaba un taxi, tenía que ir al aeropuerto. Miró alrededor y estaba en una intersección llena de autos, ruido y personas caminando. Entró al edificio más cercano y pidió que lo ayudaran a pedir un taxi para el aeropuerto. Una hora y media más tarde estaba en el aeropuerto más importante del país. Le pagó al conductor en dólares, quien no pudo con la alegría, ya que cada dólar era considerado oro puro debido al control cambiario. Ya era tarde para el vuelo a La Paz, pero revisando las próximas salidas encontró un vuelo a Roma, compró un ticket y usó para ello su nuevo pasaporte chino. El vuelo salió a las 2:10pm.

 

A las 4:45pm del 5 de marzo del año 2013, Nicolás Maduro anunció la muerte de Chávez en televisión. Maduro quien era el vicepresidente del país en ese momento y quien era el dueño de la sangre de Chávez, se convirtió en presidente de Venezuela un mes después. Él dio el mensaje a toda la nación cuando la momia de Chávez estaba perfectamente instalada en su oficina en Miraflores donde Maduro y su gente pueden pedirle favores a diario. Chávez era tratado como un santo. Omar supo del anuncio de la muerte de Chávez en pleno viaje cuando el capitán anunció la lamentable noticia.

 

***

 

El pasado sábado, Omar Barsibosynova, reconocido embalsamador, fue asesinado en su casa. La policía no tiene ninguna pista sobre quién pudo perpetrar el crimen. Sus vecinos no escucharon o vieron algo inusual, pero comentaron que en los últimos dos años, Barsibosynova, no salió de su casa.

Diario Zhas Alash, 2 de marzo de 2015

 

 

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