• María Alejandra Ghersi

Diez Enchufaditos



Información importante


Esta novela está basada en una obra de Agatha Christie. Es una adaptación venezolana a una de sus novelas más interesantes.





Capítulo I

General Márquez



El general Pablo Antonio Márquez no había visto tanto enchufado junto desde la segunda Asamblea Constituyente. Al General Márquez le preocupaba el tipo de gente, pero sobre todo el lugar en donde se encontraban. No estaban en Los Roques, Margarita o la Orchila, estaban en una isla en el medio de la nada. ¿Qué hacía un grupo de venezolanos, o peor, un grupo de chavistas en esa isla y por qué?


El general sonrío, se imaginó si llegara en ese preciso momento Alberto Federico Ravell, Mingo u otro de esos periodistas ladillas. Como General retirado de la Fuerza Armada Bolivariana tendría que decir que la mujer de cincuenta años trigueña, Celia Vallenilla, era una verdadera funcionaria pública que desempeñó un papel impecable como Diputada de la república. O que aquel muchacho era Juan Carlos Sánchez, hijo de su amigo Ricky, una promesa de la política y los negocios. También tenía palabras apropiadas sobre Mibisay Urella, su amiga personal, y quien era vigilante de la democracia que luchó por un Consejo Nacional Electoral imparcial.


Incluso el general se imaginaba al periodista enfrente de él. “Alberto, como ya sabes el hombre alto y delgado es Julián Oropeza que fue clave para capturar a las personas más peligrosas de Venezuela. También nos acompaña Francisco Campos, un empresario que ayudó a fortalecer la economía del socialismo del siglo veintiuno. Quiero finalizar con Carmelo Fernández, un juez que hizo cumplir la Constitución Bolivariana a cabalidad”.


Sólo había dos personas que no conocía, aunque no las había escuchado hablar, sabía que eran venezolanos, era un militar con el suficiente olfato para entender que el par de invitados faltantes también eran chavistas y estaban allí por alguna razón. Decidió comenzar por la mujer de cuarenta y cortos disfrazada de Gucci.


-Buenas noches, me presento, soy el General Pablo Márquez.


-Carolina Ruiz, empresaria.


-Disculpe el atrevimiento, pero qué hace una mujer tan hermosa en una reunión de inteligencia militar.


La mujer lucía muy sorprendida por el comentario.


-Yo fui invitada a una reunión con un inversionista para uno de mis negocios que tengo en la Florida.


-Señora Ruiz me imagino que todo es una confusión. Esperaremos que llegue el anfitrión para entender qué hacemos todos aquí. Si me disculpa…


El general dejó a la mujer al lado del piano, caminó firmemente hacia el único hombre que evidentemente no pertenecía al grupo. El lugar donde se encontraban rompía todos los parámetros de la decencia, ni las casas de los líderes del Cartel de los Soles tenían los lujos del lugar que pisaba Márquez. Muebles de diseñador, invaluables obras de arte, tecnología de punta, incluso una biblioteca llena de primeras ediciones. El general había sido el primero en llegar y se había tomado la molestia de revisar la planta baja de la casona.


-Buenas noches estimado, soy el General Pablo Márquez.


-Si, buenas, yo me llamo Jason Rodríguez.


-Un placer. ¿Puedo preguntarle que lo trajo a esta isla?


-Claro señor general, estaba tramitando un préstamo con unos socios, los tipos exigieron que me presentara para darme los reales.


El general agradeció la respuesta para luego dirigirse al centro del salón.


“Estimados compañeros, necesito su atención”. Todos posaron sus miradas en Márquez. “Muchas gracias. Imagino que habrán notado que todos los aquí presentes somos venezolanos, todos servimos a nuestro inmortal Presidente Chávez”.


Los rostros de todos los invitados mostraban preocupación.


-¿Alguien sabe cuándo regresará el helicóptero? - preguntó el general.


-El helicóptero acaba de dejar a otra persona y ya está en el aire - dijo Urella.


Todos vieron por los cristales como una luz se alejaba en el firmamento, y como una mujer iba caminado entre la nieve.


“Es una trampa. Somos diez perros enjaulados”, sentenció el general.



Capítulo 2

Liliam Aranguren



Lily nunca estaba vestida apropiadamente, escotes pronunciados que mostraban al mundo sus prótesis nuevas, pantalones tres tallas menos, exceso de maquillaje, tacones mata tobillos, era el tipo de mujer que no sabía pasar desapercibida. Sus días de fama habían pasado y el hecho de vivir en un país ajeno reducía la posibilidad de ser reconocida por algún fan.


Fue un viaje largo, tres aviones y dos escalas, Lily sabía que había un vuelo directo, pero quiso engañarse con que algún inconveniente surgió que no pudieron conseguírselo. Un letrero con su nombre la esperaba a la salida del aeropuerto, el conductor no hablaba español así que fue imposible conocer mejor sobre la propiedad a la que se dirigía.


Todo lo que Lily sabía sobre este contrato venía de parte de su manager (bueno en realidad era su primo), tenía que animar un evento corporativo, el dueño era fanático de su trabajo, especialmente de la novela donde hacía de la amiga de la protagonista que también era la sirvienta de la casa de los ricos donde era abusada por el primo del protagonista pero que al final termina enamorada del vecino pobre que siempre la quiso.


No le dijeron el nombre de la empresa que la contrataba porque era nueva, incluso que el evento era el lanzamiento de esta nueva marca de software especializada en finanzas. Lily no sabía nada de computadoras y mucho menos de números por eso tampoco intentó averiguar qué compañía era esa, pero en ese momento no tener toda información la ponía más nerviosa. Porque necesitaba mucho el dinero (la oferta era imposible de rechazar), de lo contrario, no hubiera aceptado el contrato. Lily seguía molesta porque no le permitieron que viajara con su equipo, aunque le prometieron que habría una peluquera y un maquillador listos en cuanto llegara al lugar.


El taxi la dejó en un muelle, su primer instinto fue acercarse a donde había un puesto de lanchas, pero un hombre la detuvo.


-¿Señorita Aranguren?


-Soy yo.


-¿Cómo ésta? Soy Hans Smith ¿Puedo ayudarla con el equipaje? ¿Cómo estuvo su viaje?


Lily no estaba de humor para hablar, solo que quería terminar con esta mala decisión. El hombre la dirigió hacia un helicóptero lo que fue una sorpresa para la artista porque no lo había visto, esperaba que usaran las lanchas. Le preguntó al hombre.


-Pensé que usaríamos los botes.


-No señorita, a la isla solo se puede acceder en helicóptero en esta época del año. El mar es muy traicionero estos meses del año.


A Lily no le gustaban los helicópteros, se había montado un par de veces en uno y nunca fue una experiencia agradable. El helicóptero tembló en varias ocasiones debido al fuerte viento. Lily vómito dos veces el desayuno del avión. Al llegar a tierra, el piloto no detuvo las hélices, mientras Hans se encargó de sacar su equipaje, dejándola en el medio de la nada.


El camino de piedras que la llevaba al hotel no era apropiado para sus tacones, el frío no ayudaba a mejorar la situación. Estaba de muy mal humor. ¡Cómo era posible que ella Liliam Aranguren actriz, cantante, bailarina, vedette, reina de las redes sociales con más de cincuenta mil seguidores, no tuviera quien la recibiera al arribar al evento donde era la estrella! Al llegar armaría un escándalo, no le importaba que hubieran pagado el monto total por adelantado, no iba a hacer este evento. Mientras ella planeaba mentalmente todo lo que le diría a esos desgraciados, sus tacones se tambaleaba entre las piedras porque ella no se iba a quitar los tacones, primero muerta que descalza. Intentó llamar a su manager para avisarle que se iba sin prestar sus servicios, pero no tenían internet ni línea, en cuando llegara a la recepción haría la llamada.


El camino era largo, tuvo que pasar por tres piscinas cubiertas de hielo, una cancha de tenis y una cabaña. Incluso de lejos, el hotel era impresionante, tenía dos niveles, muchos árboles altos alrededor, era una monstruosidad de cristal. Todas las luces parecían prendidas, pero no se veía el número de personas que se esperaría en un evento multitudinario.


Una vez en la puerta principal, dejó su equipaje afuera en la nueve. Al entrar se llevó una importante sorpresa, el lugar no era un hotel, tampoco había un evento allí, si acaso habría unas ocho o nueve personas que estaban pasmados mirándola.


-Buenas noches ¿Quién es el señor García?


-Es una pregunta que nos hacemos todos querida -respondió mujer de unos cuarenta años vestida de pies a cabeza de Gucci.


-Yo fui contratada para animar un evento corporativo - dijo Lily.


-Y yo vine como asesor de armamento de guerra. Parece que el señor García tiene muchas facetas- dijo un hombre alto, medio calvo y de unos sesenta años.


-No lo estoy entendiendo ¿Dónde está el señor García?


-No lo sabemos. Eres como lenta, todos fuimos invitados por ese tal García por distintos motivos, pero el pana no está aquí – explicó la de Gucci.


-Me importa un coño ese tal García o ustedes ¿Dónde está el teléfono? Me quiero ir de aquí.


-No hay ningún teléfono en esta casa. Yo no tengo señal ni internet, me imagino que ustedes tampoco. Podríamos ir buscando rincón por rincón, pero estoy segura de que no vamos a encontrar ningún teléfono -dijo una señora de unos sesenta años bastante desabrida.


-¿Usted cómo sabe? Vamos a buscar, tenemos qué buscar comunicarnos ¡Yo me quiero ir de aquí! -decía la casi histérica Lily.


Todos se había quedado como paralizados en sus lugares. Lily en la entrada, el que parecía militar muy cerca de ella. La de Gucci y la vieja estaban sentadas en los sillones color hueso gigantes cerca de la ventana. Había un hombre que se veía medio malandro con cara de perdido cerca del piano. Tres hombres más estaban sentados en unos muebles frente a la chimenea, mientras que había otro hombre y una mujer pegados a una puerta de vidrio que daba a un porche. Lily decidió sentarte cerca de la de Gucci y la vieja, estaba agotada, no podía estar un segundo más de pie. Lily los observó una vez más, en esta segunda mirada supo que conocía a la mayoría de ellos, incluso personalmente.


-El hombre del helicóptero me comentó que no vendría hasta el lunes -dijo la de Gucci.


-¿Estamos seguros de que no hay nadie más en esta casa? – dijo Lily.


-Yo llegué en el mismo helicóptero con Juan Carlos. Esto estaba vació al llegar. Bueno… no es que nos pusiéramos a mirar esquina por esquina, pero nadie hizo ruido -comentó la diputada Celia Vallenilla, Lily la reconoció pronto; el tal Juan Carlos tenía que ser el más joven del grupo que tenía que ser hijo de otro diputado, Ricky Sánchez. Eran igualitos.


La tensión se percibía en el ambiente. Lily estaba segura de que tenían que empezar a revisar la casa para encontrar un teléfono o algo… Iba a sugerirle su idea al grupo cuando una voz sonó por unos altavoces que Lily no había visto.


“Bienvenidos a mi fiesta, soy Ignacio García. Es un placer tenerlos en mi casa. Para comenzar la celebración, les pido que pasen al porche”, decía una voz masculina.


Con cierta lentitud, todos caminaron hacia el lugar indicado. Lily seguía con su empeño de que deberían revisar la casa. García no podía estar en el porche, ella fue la última en llegar, no había visto a nadie en las afueras de la casa. Decidió caminar un poco alrededor del gran salón, entre el piano y la chimenea había una puerta que llevaba a otra habitación, parecía una biblioteca. Lily retrocedió y se dirigió el porche.


Había una capa de nieve en el piso del porche, así como una mesa que tenía diez identificaciones de plástico con sus nombres, cual convención de doctores en Cancún. Sin saber por qué, Lily tomó la suya. Era el típico carné blanco de plástico, que incluía una banda magnética en una de las caras, y en la otra superficie decía: Liliam Aranguren, actriz. Lily tomó muy mal que el plástico no incluyera cantante y vedette. El resto del grupo la imitó, todos tomaron sus identificaciones.


El porche era un lugar hermoso, con muebles de jardín de diseñador color azul, la vista era insuperable, incluso de noche se podía ver el mar y las luces de otras tierras. El espacio estaba diseñado para que el clima no entorpeciera el buen rato, así que no hacía ni frío ni calor, ni el viento molestaba. El grupo instintivamente se acomodó en el mismo rincón, las mujeres todas se sentaron y también alguno de los hombres, solo se quedaron de pie el militar, el hijo del diputado y un moreno que, si Lily no se equivocaba, era un policía o de la Disip o del Sebin.


La voz sonó de nuevo. “Lamentó no estar presente el día de hoy. Lamento mucho no poder verles las caras. Daría mi fortuna por hablar con cada uno de ustedes en privado en este momento”. Hubo una pausa, en realidad una tensa pausa. “Se preguntan por qué están aquí esta noche”. Todos asintieron instintivamente. Otra pausa los sorprendió.


“Por favor, no quiero quedar como un mal anfitrión, cada uno tiene asignada una habitación en el segundo piso, sus identificaciones son las llaves para sus dormitorios. No hay servidumbre, pero en la cocina hay todo tipo de comida ya preparada, o ingredientes para que ustedes se cocinen los platillos que desean. Hay bebidas no alcohólicas de todo tipo, y por supuesto, mucha vaina venezolana”.


El silencio nuevamente se apoderó del lugar.


“Ya se habrán dado cuenta, todos somos venezolanos. Para ser más precisos, ustedes son chavistas, enchufados, corruptos. No es coincidencia, los elegí uno a uno. Empezamos por las damas, diputada Cecilia Vallenilla”. Los ojos de la mujer alta, morena, de cabello perfectamente secado, mostraron incomodidad.


“Amiga diputada, no voy a entrar en todos los detalles de tu trayectoria, ni de la trayectoria de ninguno de ustedes, porque una semana no sería suficiente para enumerar la desgracia andante que son cada uno de ustedes. Como te decía Celia, fuiste electa en cuatro ocasiones, cinco si consideramos la segunda Asamblea Constituyente. En veinte años, no trabajaste por ninguna ley o proyecto que mejorara la vida del pueblo, como diría el difunto Chávez. Formaste parte de los comités dedicados a sanidad y penitenciarias, no tengo ni que decirlo ni los hospitales, ni las cárceles sirven en Venezuela. ¿No te da vergüenza que tu nombre aparezca en la Asamblea Constituyente del 2017? En los libros de historia quedará grabado tu nombre como la delincuente que eres, años cobrando para no hacer absolutamente nada. Me voy a ahorrar los detalles de cada chanchullo en que te metiste, lo voy a resumir a que tu fortuna, incluido los testaferros, es de cien millones de dólares, y no pudiste arreglar ni el lavamanos de un hospital.


Mibisay Urella, eres la prueba de que hierba mala nunca muere. Siempre admiraré tu cinismo, elección tras elección, te presentabas ante las cámaras de televisión como representante del Consejo Nacional Electoral para mentirnos sin pudor. Tu directamente pudiste terminar con la pesadilla, tu pudiste mostrar los verdaderos resultados, la historia hubiera sido muy diferente. Me tomé la molestia de que te investigaran, para mi sorpresa, duermes como un bebé cada noche. También averigüé tu fortuna, mil millones de dólares.


Carolina Ruiz, no estás a la altura de tus dos predecesoras. Ellas son unas ratas con todas sus letras, pero tu como testaferra de los narco-delincuentes que dirigieron a Venezuela también eres una criminal. No voy a negar que el negocio es difícil de rechazar, una asistente cualquiera de CANTV que le ofrecen millones para poder su nombre en propiedades de los corruptos en el extranjero. En como ganarse una lotería maldita. No voy a negar que has sabido invertir tu dinero, hoy tienes cinco peluquerías en Miami, dos restaurantes y otras inversiones. Insisto, tu delito no está al nivel de otros de tus compañeros, pero te dejaste comprar, o peor, le cuidas el dinero a estos malditos. Tu fortuna está valorada en veinte millones de dólares.


Liliam Aranguren, siempre estaré sorprendido de cómo alguien con nada de talento pudo participar en diez telenovelas, cuatro obras de teatro y tener tres discos. Chama no estás lo suficientemente buena para tanta palanca. Tirarte a chavistas se hizo tu oficio, en tu caso lo veo lógico, de otra manera no hubieras pasado de ser una extra. Además, sacaste el dinero suficiente para montar un par de negocios, pero eres tan bruta que te lo gastaste todo, y ninguno de tus amantes te quiere ayudar. Fortuna valorada en cero dólares. Liliam dime la verdad ¿Valió la pena acostarse con gente tan asquerosa y corrupta?


Juan Carlos Sánchez, uno no es culpable de los pecados de nuestros padres… hasta los dieciocho años. Has vivido media vida sabiendo que tu papá como mínimo es un ladrón. Has vivido toda tu vida con el dinero sucio y mal habido del diputado Sánchez, lo has invertido, disfrutado, visto mundo, comprado novias y muchas huevonadas. Ahora quieres entrar en el negocio familiar. No te voy a perdonar que, en el 2017, mientras adolescentes eran asesinados por protestar, tu viajabas por el mundo en hoteles cinco estrellas. No te voy a perdonar que venezolanos se murieran de hambre por culpa de tu papá mientras tu comías en los restaurantes más caros del mundo. El total de tu fortuna (la de tu papá es un asco) es de diez millones de dólares.


Carmelo Fernández, pese a ser un juez pareciera que nunca te leíste la Constitución o el Código Penal. Siempre admiraré tu desvergüenza, te inventaste más leyes que Chávez historias de Bolívar. Más de mil estudiantes estuvieron injustamente presos por tu culpa, más de mil malandros salieron de cárcel por chanchullos por tu culpa, miles de personas fueron torturadas, incluso asesinadas en la cárcel por tu culpa porque ellos no debían estar allí. Tu fortuna es de treinta millones de dólares.


General Pablo Márquez, no le voy a mentir, yo tengo un prejuicio nato contra los militares como consecuencia directa del chavismo porque ustedes los militares son una vergüenza. Márquez, tu permitiste barbaridades como el Plan Bolívar 2000, el regreso de Chávez el 13 de abril de 2002, acusaste a militares disidentes que fueron encarcelados y torturados, graduaste a quienes no lo merecían y dejaste atrás a quienes merecían los ascensos porque se oponían a los ideales chavistas. Hasta te hiciste babalawo por apariencias porque aún en la noche le rezas a tu ángel de la guarda. Te comprendo, ese ángel de la guarda resultó ser muy bueno, durante las últimas décadas te has mantenido vivo, poderoso y millonario. Pero no todos somos unos vendidos o unos desmemoriados, por militares como tú, nuestras Fuerzas Armadas se convirtieron en un cartel de drogas. Mi general su fortuna está valorada en ciento cuarenta y cuatro millones de dólares.


Jerson Rodríguez, debes llevar rato preguntándote qué coño haces aquí ¿Cierto? Tu nunca conociste a Chávez, o trabajaste para él, tampoco fuiste parte de ninguna institución del gobierno o pistolero del gobierno. Es verdad. Jerson tu sabes que eres un malandro, y no de los que robaban celulares en moto, tu secuestrabas y asesinabas por dinero. Fuiste una máquina criminal, durante tres años, secuestraste a dos mil trescientas personas y mataste quinientas veintiocho. Científicamente eres un asesino en serie, sí como los locos de los documentales que matan a mujeres en las duchas. Hiciste una buena fortuna, que sumado al hecho de que nunca nadie te denunció porque ni la policía ni el poder judicial servían para nada, gracias Carmelo, pudiste irte a vivir al imperio. La burocracia es torpe por definición, esa embajada gringa negando visas a gente decente a diestra y siniestra, y tu ganándote el derecho de vivir en los Estados Unidos. Yo sabía que no ibas a durar por allá. Los gringos pueden tener muchos defectos, pero allá las leyes funcionan, tu no podrías secuestrar a más de dos personas sin que te agarraran porque no eres lo inteligente que te crees. En Venezuela podías matar a alguien, dejar todas las pistas del mundo, y nunca te iban a agarrar, pero en el norte no. Eso de ser un hombre de bien no está en tu sangre, por eso te devolviste a Venezuela. A todos les mentiste, dijiste que habías perdido el dinero, pero la verdad es otra, necesitas hacer daño, te divierte, te hace feliz. Tu fortuna no está mal para ser un malandro de barrio, dos millones de dólares.


Francisco Campos, es verdad que no eres ni un secuestrador, ni un asesino, pero tampoco eres mejor persona. Cuando te preguntan tu profesión ¿qué respondes? Porque dudo que escribas: creador de empresas de maletín. Eres un estafador. Si hubieras estafado a personas como tus acompañantes de esta noche, serías un Robin Hood, pero decidiste ser un enchufado. Estafaste a tu país, ese dinero que te robaste creando empresas ficticias usando dinero del estado, es el dinero que nunca llegó a los hospitales ni a los colegios. Sé que en las noches te justificas pensando que si no lo hubieras hecho tu, otro lo habría hecho en tu lugar, pero lo hiciste. Tu eres el estafador, indirectamente, tus manos también están manchadas de sangre venezolana. Tu fortuna está valorada en ochenta millones de dólares.


Julián Oropeza, quería cerrar esta presentación con tu nombre. Creo que este fin de semana vas a tener que mostrar tus dotes como policía, porque eres un maldito, el peor, pero eso no te quita tu instinto policial. Calculé que torturaste a más de cinco mil personas mientras estuvieron presas, injustamente presas. Torturar es una palabra tan amplia que voy a mencionar detalles sobre tus torturas: les hacías comer alimentos putrefactos, beberse su propia orina, violaste o dejabas que violaran a los presos las veces que les dieran la gana, matabas a sus mascotas, las picabas en pedazos, lo grababas y se lo mostrabas al preso, por supuesto, los golpeaste de todas las formas conocidas y por conocer, sólo por mencionar algunos de tus métodos. No lo hiciste por dinero, lo hiciste porque eres un sádico, porque lo disfrutas, porque te excita. Tu fortuna es de nueve millones de dólares.


Así termina el resumen curricular de cada uno de ustedes. Aunque el chavismo ha sacado lo peor de mí, al igual que de ustedes, les voy a dar una segunda oportunidad. Si renuncian en este momento a sus fortunas, los dejo en libertad. Yo sabré devolverle ese dinero a los venezolanos”.


El porche permaneció en silencio.


“Me lo imaginé. Qué empiece la fiesta”.


Empezó a sonar una música extraña, casi infantil. Lily sentía que conocía la letra de la canción, pero no la recordaba, aunque la tenía en la punta de la lengua. El ruido de un saco de papas cayendo al suelo la hizo volver a la realidad. El militar se había desplomado en la nieve.


La voz sonó nuevamente: “Ese ángel de la guarda se jubiló. Uno cayó en la nieve, ahora sólo quedan nueve”.




El Cápitulo III está en este link.

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