• María Alejandra Ghersi

El Virus de ser Emigrante


Ser venezolano

cambió de ser un orgullo,

a ser un castigo.

Cual protagonista de telenovela,

Cenicienta moderna,

sufrimos a diario

cientos de torturas.

Descalabra en el corazón.

Ser venezolano

es vivir

sin comida,

sin electricidad,

sin agua,

sin medicinas.

Ser venezolano

es emigrar,

vivir en un país diferente

sin felicidad porque

la tristeza te persigue,

el dolor no te abandona.

Ser venezolano

es protestar

y ser asesinado,

es votar

y que te roban las elecciones,

es luchar a diario

por un mejor país

aunque sea peligroso,

aunque sea un delito.

Ser venezolano

es que Tony Blair

te llame cobarde,

te diga que es tu culpa,

un grupo de narcotraficantes

secuestra tu país,

pero tú eres el culpable.

Tony Blair que vive

en la puntualidad inglesa,

con su reina,

su orden, su legalidad.

Tony Blair que en su vida

ha tenido que llorar,

que ver en vivo

a un joven estudiante

ser asesinado a sangre fría

por la Guardia Nacional.

Ser venezolano

es ser extranjero

en todas partes.

Es vivir en tu país

sin sentirlo tuyo,

lleno de lugares

que hoy te son ajenos.

Extrañar tu comida,

tus amigos, tus amores,

tus olores

porque ya no existen

aunque tú no te muevas

de tu cuadra.

Es quedarte solo

por creer en tu tierra.

Ser venezolano

es emigrar sintiéndose

traidor. Traidor

a tu familia, a tu tierra

a tus esperanzas, a tu futuro.

Es sentirte que te rendiste,

que fracasaste como ciudadano.

Ser venezolano

significa expatriarse

de muchas maneras,

durante dos décadas.

Ser muchos tipos

de emigrantes a la vez.

***

¿Qué tipo de emigrante eres tú?

¿El planificado?

Eso fue hace diez años.

El que vio el desastre con tiempo.

Lo sé, nunca llegaste a imaginar

el terror que vivimos.

Nadie lo hizo.

Solo supiste que no mejoraría.

Te fuiste en avión,

con dólares en el bolsillo,

con trabajo, con un plan,

con visa aprobada.

Emigraste en un mundo

donde los venezolanos

era queridos, aceptados.

Eran extranjeros con dinero.

¿Qué tipo de emigrante eres tú?

¿El optimista?

Apenas estás empezando.

Esperaste hasta el último momento

a que todo cambiara.

Y cambió…

Hacia el horror.

Vives la xenofobia,

las malas caras

las miradas acusadoras,

te miran como si fueras

un criminal.

Lo eres, eres un ilegal,

ya no hay visas para ti.

Esperaste tanto

qué te fuiste en la ola

desesperada.

Para ti no había avión,

ni si quiera autobús,

te tocó caminar semanas

sin dinero,

mendigando la comida.

Emigraste en un mundo

donde los venezolanos

son un problema,

son extranjeros sin dinero.

No importa qué tipo

de emigrante eres,

le mientas al mundo.

Publicas fotos alegres,

agradeces paisaje,

temperatura, culturas.

Mientes.

Detrás de cada sonrisa

escondes tu miedo.

Estás asustado.

Nada absolutamente nada

es como lo imaginaste.

El dinero se acabó hace rato.

Haces cuentas para pagar la renta

que pende de un hilo.

Te pueden botar cuando quieran,

eres casi un ilegal,

no hay sistema que te ampare,

y si lo hay…

no te quiere amparar.

No importa qué tipo

de emigrante eres,

llamas a tus papás

y mientes.

No quieres preocuparlos

con tu dolor, con tu ansiedad,

con tu culpa, con tus lágrimas.

Todo está bien,

les dices con tu mejor

cara, con tu mejor voz.

Envías el dinero que puedes,

nunca es suficiente,

es poco, muy poco.

Te sacrificas,

prefieres que piensen

que eres tacaño

a un fracasado.

Fracasado.

Así te sientes.

Ya tienes cierta edad,

tu presente no se parece

ni de cerca

al futuro que soñaste.

***

Ser emigrante venezolano

a los veinte es

no poder ir a la universidad.

Es muy cara,

pagas como extranjero,

y pensar que en tu país

es casi gratis.

No estudias, trabajas demasiado.

Ni rumbear puedes,

es caro, estás siempre cansado.

La rumba no te alegra,

en realidad, te hace sentir solo.

Ser emigrante venezolano

a los treinta es

empezar de nuevo.

Tu sí estudiaste,

en este momento no sabes

de qué te sirve.

Tu vida laboral

ya no importa,

es un inútil pasado.

Tu vida amorosa es extranjera,

porque aunque emigres casado

un matrimonio en otro país

es otro matrimonio.

Con suerte,

tus hijos son pequeños

se adaptan pronto

a la nueva cultura,

si te descuidas, te hablan

en otro idioma.

Sin suerte,

tuviste que dejar a tus hijos atrás,

no pudiste llevarlo contigo,

no merecen sufrir más.

Al menos con tu dinero

viven mejor mientras

ahorras para darles

una vida mejor.

Ser emigrante venezolano

a los cuarentas o los cincuentas

es haber construido

por décadas una vida

que ya no es válida.

Te exigen que lo la recuerdes

¿De qué te sirve

vivir en el pasado?

Renuncias a tu vida,

encaras una nueva.

No te gusta,

no importa,

la prioridad es la familia.

Los niños son mayores,

adaptarse no es fácil,

extrañan…

comprenden el cambio.

Ser emigrante venezolano

después de los sesenta

es no serlo.

Te quedaste.

No quieres ser una carga.

Eres muy mayor para empezar.

La novedad del cambio

es demasiado para ti.

Quizás aceptaste el reto.

Te convertiste en un emigrante

a una edad que deberías jubilarte.

La experiencia es peor

de lo que imaginaste.

Al menos no está solo,

al menos tienes los tuyos.

Sin importar la edad

luchas cada día

por tu vida, por tu familia.

No importa donde

te encuentres

en Venezuela,

en otro país

cada día es una lucha.

Lo logras.

Hoy las noticias son buenas,

incluso sientes felicidad.

Felicidad que llega

con remordimiento

porque es imposible

ser feliz cuando

tu gentilicio se desmorona.

No existe el día perfecto.

No puedes ser feliz

Venezuela te persigue

te caza, te come,

te quiebra para siempre.

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