Las súper locas aventuras de un canadiense en la Venezuela de 2002-2003 / Episodio II



Episodio II: El Paro Petrolero


Pueden leer el Episodio en este link.


Christian había decidido pasar la Navidad y el Año Nuevo en Venezuela. Sobre el año 2003, pues aún no lo tenía muy claro. Continuaba con su trabajo como profesor de inglés en el CVA, y permanecía muy confundido sobre la realidad venezolana.


La primera semana de diciembre de 2002 llegó con noticias inquietantes, la oposición había convocado a Paro Nacional el día 2 de diciembre. Los compañeros de trabajo de Christian le explicaron que ese día nadie iría a trabajar, a estudiar o pasear. Era una protesta donde el sector productivo del país se detenía a forma de protesta. No habría bancos abiertos, supermercados, centro comerciales, colegios, ni ningún comercio que estuviera de acuerdo con el punto de vista de la oposición. Había que quedarse en casa y ya.


Christian como buen canadiense educado en la cultura norteamericana no comprendía cómo apagar el sistema productivo podría servir de algo. La señora Xiomara, la casera, tenía su propia perspectiva sobre lo que ocurría.


-Mijito vamos a hacer mercado hoy mismo. No podemos permitir que la cosa se ponga fea con la nevera vacía.


De nuevo Christian no comprendía por qué “hacer mercado” era tan importante. Era lógico, él no vivió la crisis del “Caracazo” en febrero de 1989, el intento de golpe de estado en 1992 ni los confusos días de abril de 2002.


Xiomara no fue a la única que se le ocurrió comprar comida, el supermercado estaba a reventar y tuvieron que hacer una cola fastidiosísima, de como tres horas, para pagar.


La otra duda de Christian era sobre su sueldo. Su contrato era por seis meses, no sabía si ese día se lo pagarían porque el CVA no abriría sus puertas el 2 de diciembre. En la institución le aclararon que su salario no se vería afectado.


Por fin llegó el famoso lunes. Christian estaba un poco emocionado porque nunca había participado en un evento similar. Pasaron el día viendo Globovisión y por algunos momentos Venezolana de Televisión. La verdad no pasó nada, fue aburrídisimo, pero la tensión que vivían minuto a minuto era para que les diera una gastritis. Era como una película de suspenso eterna donde se sabía que había una bomba en la sala, y esperaban que explotara en cualquier momento.


-Mijo hay que estar mosca. Los militares siguen arrechos, tu viste que la Plaza Altamira está allí, full de gente. En cualquier momento puede pasar cualquier cosa…


A las siete de la noche el presidente de la CTV (Confederación de Trabajadores Venezolanos, la que agrupaba los sindicatos) y el de Fedecámaras (los empresarios) con un par de políticos de la oposición anunciaron que el Paro continuaba al día siguiente y que en la noche habría un cacerolazo. Xiomara estaba feliz. “Esto si va a joder a Chávez. Ya vas a ver”.


Christian llamó a su jefe para preguntar qué hacer. Al final, no debía hacer nada. Eso sí, a las nueve de la noche los alrededores estallaron con el ruido de ollas y sartenes salvajemente golpeados con cucharas u otros cubiertos desde las ventanas. Al ser tan masivo, el cacerolazo era casi una sinfonía hermosa. En el medio siempre había alguno que gritaba “Fuera Chávez”.


El día siguiente se vivió, si era posible, con más tensión que el anterior. Igual lo pasaron pegados al televisor. Globovisión reportaba calles vacías en toda Venezuela, Venezolana de Televisión buscaba cualquier comercio abierto para mostrar que el Paro era un fracaso. Por donde vivía Christian, el Paro se celebraba a cabalidad y todos estaban en casita.


Nuevamente a las siete de la noche los mismos miembros de la CTV y Fedecámaras se pronunciaron explicando que el Paro era un éxito y que continuaba. El cacerolazo ensordecedor se repitió y Xiomara estaba muy feliz. Christian seguía sin comprender cómo esta protesta beneficiaría a alguien.


Pronto el Paro se convirtió en una especie de purgatorio donde días llenos de tensión se repetían uno tras otro hasta que Christían (y Venezuela entera) perdía por momentos el sentido del tiempo y el espacio. Cada día comenzaba con la esperanza de que algo sucediera, algo que cambiaría el rumbo de la historia. En la noche se comprobaba que era solo una ilusión. Christian no volvió a vivir algo parecido hasta casi veinte años después con el confinamiento por el Covid-19.


Los programas de opinión opositores no dejaban de hablar como esta táctica ayudaría a acabar con el régimen. A Christian le gustaba mucho el programa de Napoleón Bravo en Venevisión, durante una semana el periodista invitó a videntes para predecir el futuro. Todos afirmaron que el gobierno caería, todos menos Hermes Ramírez (que parecía una versión de Chávez joven) quien frente a la cara incrédula de Bravo le explicó que veía al presidente en el poder por muchos años.


Con el paso de los días, Christian no veía avances en la protesta. El Paro continuaba. La verdad es que en las primeras semanas sí hubo ciertos adelantos, el más importante fue que trabajadores de Petróleos de Venezuela se unieron y detuvieron varias refinerías y buques petroleros. Esto era muy importante porque Venezuela básicamente vivía (vive) de la renta petrolera, y sí era un golpe muy fuerte para el gobierno porque le cortaba directamente los recursos.


Globovisión no perdió oportunidad de mostrar cómo la Refinería El Palito dejaba de echar humo, o como el buque Pilín León se detenía en el Lago de Maracaibo para no transportar barriles de petróleo, el acto incluyó a la verdadera Pilín León, Miss Mundo 1981, acercándose para darles ánimos.


A partir de la segunda semana fue cuando la cosa se empezó a descontrolar. La gente necesitaba algunos servicios, por ejemplo, supermercados y bancos. Estos decidieron abrir en horarios especiales permitiendo a la población hacer mercado (Xiomara tenía razón) y retirar y depositar dinero. La Navidad se acercaba, muchos querían comprar regalos, pero las tiendas continuaban cerradas, algunas comenzaron a abrir sus puertas, los buhoneros nunca se fueron a Paro, así que ellos hicieron su agosto con la situación. Ciertos productos comenzaron a escasear como los refrescos, la cerveza y otros licores, además de la gasolina. Los cacerolazos destruían ollas, muchos optaron por comprar CDs con su sonido para no gastar energía en golpear utensilios de cocina. La gente estaba comenzando a preocuparse por sus trabajos y en especial a aburrirse.


Una opción para mantenerlos entretenidos era organizar actividades diarias. Cada día a las siete de la noche cuando la CTV y Fedecámaras daban un reporte del día, también anunciaban que actividades cívicas se implementarían. Generalmente eran marchas por distintas zonas de las ciudades y a veces convocaban a guarimbas, que eran protestas en la calle donde uno vivía.


Christian asistió a muchas de ellas para acompañar a Xiomara y ver cómo era la cosa. En las primeras marchas la convocatoria era multitudinaria, con el tiempo el número de personas en cada manifestación bajó de forma impresionante.


Christían estaba preocupado por su trabajo. El CVA no abrió en todo ese tiempo. Le pagaron el mes de diciembre, pero el de enero estaba en “veremos”. El canadiense también notó que en las primeras semanas del Paro nadie lo invitaba a beber o rumbear, después del 15 de diciembre siempre había alguien que hacía una reunioncita en su casa. Era como si, por momentos, no hubiera Paro.


La crisis de la gasolina empeoró después de Navidad. Las colas para llenar los tanques eran épicas (casi como las del año 2020). Lo curioso era que en la zona este de Caracas, conocida por ser mayormente opositora, no había gasolinera que funcionara, en cambio en el oeste, que en teoría era más pro-gobierno, sí se podía llenar el tanque.


El otro trauma fue comprar comida, pese a ser precavidos, Xiomara y Chrstian tuvieron que volver al supermercado a los quince días. Christian nunca se sintió tan en el tercer mundo como en esas compras. no había leche, carne, harina y otros productos.


La gente estaba muy violenta, la cola para pagar fue de cuatro horas, todos se peleaban con todos, era normal, estaban tensos, cansados y desesperados y debían permanecer de pie por horas para pagar por lo que debería ser un derecho universal.


La Navidad fue bastante normal. Christian aprendió que en Venezuela se celebra el 24 de diciembre y no el 25. Decidió pasarla con Xiomara y su familia. Una hermana y unos sobrinos los acompañaron para cenar juntos. Ese año no intercambiaron regalos porque estaban muy comprometidos con la causa de la oposición, estaba decididos a no apoyar a los comercios que se atrevían a abrir sus puertas. “Lo importante es que el año que viene podamos celebrar la Navidad con Libertad”. En la madrugada unos amigos del trabajo lo invitaron a una fiesta. En la reunión no parecía que escaseara nada y que nadie estuviera preocupado por salvar el país.


El fin de año fue similar. A Christian le sorprendía que gente como Xiomara no perdiera la esperanza porque lo que era él, no veía que el Paro terminara en algo bueno.


Enero comenzó con el mismo tedio que a finales de diciembre. Había quienes todavía se mantenían luchando. Los centros comerciales, y muchos comercios continuaban cerrados al igual que escuelas y universidades. Los bancos y supermercados seguían con horarios especiales.


Christian no quería decirlo en alto, pero Chávez mostraba más fortaleza de la que se esperaba. Con la industria petrolera parada igual conseguía que los militares lo apoyaran lo suficiente para seguir siendo el presidente.


El canadiense siguió participando en las marchas cada vez menos populosas, si acaso iban unas dos mil personas. Para que no se notara la falta de participación se escogían avenidas pequeñas o calles, así se veían más llenas. Aquellos que eran muy estrictos con el paro los primeros días, ahora compraban en las tiendas que abrían y hacían fiestas o iban a la playa.


Otro fenómeno interesante e incomprensible para alguien originario del primer mundo era que el gobierno también convocaba a marchas. Era incomprensible porque las marchas generalmente son en forma de reclamo a algo, en este caso era en apoyo al gobierno, el mismo que decía que el Paro no existía. Toda una contradicción.


Lo cómico era que el gobierno organizaba marchas por los lugares por donde la oposición había convocado con anterioridad, así que el país estaba a la expectativa de ver qué pasaba si ambas protestas se encontraba. Nunca pasó, la Guardia Nacional se encargaba de defender a los chavistas y golpear a la oposición.


-Mijo esa que gente que sale a marchar por Chávez son puro empleado público que los amenazan. Les pasan lista y el que no se aparece, lo botan. La otra mitad son puro borrachito que asisten por una botella de ron y unas empanadas.


Las marchas chavistas eran bastante populosas y generalmente terminaban con una tarima donde Chávez se aparecía a decir lo fuerte que era su gobierno.


Para reavivar la llama, la oposición cambió el tema. Se convocaría a un Referendo Revocatorio, una nueva figura legal que se inventaron con la Constitución del 1999.


-Mijito esto es perfecto, Chávez se inventó el Revocatorio para dárselas de democrático, pero lo vamos a echar.


-¿Cómo es eso?- preguntaba siempre confundido Christian.


-Es muy fácil, ahora que está a punto de llegar a la mitad de su mandato, tenemos que recolectar firmas del uno por ciento de los votantes registrados en el Consejo Nacional Electoral. El CNE tiene que revisarlas y aprobarlas, así se establece la fecha para que votemos en el referendo y lo sacamos.


El día 2 de febrero se convocó una movilización para recolectar las firmas. Parecía que muchos se habían sumado a la causa. Fue la primera convocatoria masiva en semanas. En la noche la oposición en rueda de prensa anunció que llevarían las firmas al CNE en los próximos días.


Wikipedia dice que el Paro culminó el día 3 de febrero de 2003. La vereda había terminado mucho antes. Las consecuencias fueron más negativas que positivas: fortalecimiento del chavismo, crisis económica, decepción general, primera tanda de emigración masiva y CADIVI.


La oposición nunca anunció el final del Paro. La mayoría de los líderes tuvieron que huir a otros países, también con la caída del Paro se terminó la historia de los militares en la Plaza Altamira.


El 5 de febrero Christian regresó a su trabajo y la vida siguió casi como si nada hubiera pasado.



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